Esencia - Está es mi REALIDAD
Cada vez estoy más convencido de que los posts que prometí que subiría quedarán ahí, en borradores. Ya no conecto con eso que dejé a medias de escribir. Sí, puede que todavía haya algo en lo que esté de acuerdo. Incluso algunos posts me parecen todavía muy atractivos, sigo pensando eso que escribí. Pero el momento ha pasado. Bueno, dejo de justificarme.
Estoy yendo muchísimo al teatro. Me encanta ver mi Google Calendar lleno de puntos morados (ese es el color que he escogido para cualquier espectáculo). No hago más que recomendar a mis amigos que se hagan JOBO. Quizá hace unos años no funcionaba, pero estas semanas estoy llegando a ir 4 días al teatro sólo con entradas gratuitas de Madrid Destino.
El martes pasado, por ejemplo, fui a ver Esencia, una obra de Ignacio García May, un escritor, que por supuesto desconocía, que ha dirigido muchos años la RESAD. La obra tiene una calidad en el texto impecable. Cuanto más veo, más me gustaría saber escribir así. Por muy sencilla que pueda parecer (al final son solo dos actores en escena con una escenografía minimalista a la par que resolutiva), el mensaje que contenía estaba muy bien resuelto. Jugaban mucho con distintos recursos literarios que mostraban tanto implícita como explícitamente. Quiero decir, a la vez que mencionaban elementos de la narrativa como que los escritores manipulan a los lectores para generarles intriga, los incluían en la obra, utilizándolos para conseguir dirigir por dónde querían que fuera nuestra mente.
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Bueno, esto lo escribí hace ya tiempo y no sé hasta qué punto tenía algo que decir o escribía por escribir. Cambiando de tema, y no tanto, hoy voy a repetir Esencia, con el bono de mi hermana.
En el metro, en esa línea 2 que tanto detesto (aunque no más que la 1 o que la 3), me suena de forma inesperada una canción que no sé en qué momento incluí en esa playlist de canciones que me gustan. No soy un chico de playlists, las tengo todas en el mismo cajón, desordenadas, a veces te encuentras canciones horrorosas (muchas veces reflejo del pasado de una edición de OT en la que me obsesioné con un número o un concursante), y otras, como es el caso de hoy, te encuentras con obras de arte. Hablo de “Un golpe de suerte” de Carmen Boza, y, aunque llegue un poco justo al teatro, es la tercera vez que la escucho ya, y tengo la necesidad de escribir de ello. Por la calle, mirando el móvil a veces y otras escribiendo sin mirar. Es algo casi innato en la gente de mi edad. Voy esquivando a la gente, a paso acelerado porque llegar tarde no es una opción, y mis piernas, que muy pocas veces agradezco tener, me permiten ir más rápido que el resto de gente.
Ya en el teatro, hace poco entré en este mismo sitio sin tener ni idea de lo que iba a ver. Una obra más de JOBO. ¿A caso en esa abundancia y exceso de contenido aparece el desinterés? No creo, que tontería que estoy diciendo. Cuanto más veo, más quiero. Aunque también, cuanto más veo, más cuesta que me impresione.
No lo sé, voy a disfrutar del bullicio antes del espectáculo. Luego hablamos, si eso.
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No voy a mencionar mucho de lo de ayer. Cuando salí del teatro me fui andando a coger el E3 a Goya. Ojalá poder escribir como lo hizo Ignacio García May. Qué placer el texto. Es verdad que, una vez vista la obra, pierde un poco la gracia, pero hubo muchos elementos en los que no me había fijado la primera vez. Otra vez, no me di cuenta de cuándo mueven la escenografía en una parte y abren el teatro sin que te des cuenta. Alteran tu REALIDAD.
Ojalá saque el texto pronto como libro. Me pasa como una señora dijo al salir “Yo es que me entero mucho más al leerlo, porque tengo tiempo para recapacitar y releer. Por eso no me gusta ir al teatro a ver obras de Shakespeare, a mi me gusta leerlas”. En concreto, esta obra, una vez vista, creo que debe ser leída.
Esta tarde volveré a ir a Matadero, esta vez a ver a Sara Jiménez, espero que me guste.
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